El cuento en el aula

EL CUENTO EN EL AULA TESTIGOS PRESENCIALES: PILAR GALÁN Y PATRICIA ESTEBAN ERLÉS Las seis de la mañana y el café humeante sobre la mesa no aligera ni un poquito la atmósfera cargada de la sala de interrogatorios de la sede de «el aLIJo». Es el final del verano y la brisa fresca que entra por la ventana potencia los escalofríos y recuerda inevitablemente que «la vuelta al cole» está más cerca que nunca y, por eso, la investigación es urgente. Esta vez no se trata de resolver un crimen, sino de prevenirlo: desde «el aLIJo», como ya quedó claro en nuestro número 0, somos muy conscientes de la existencia de las «lecturas obligatorias» y no estamos en absoluto de acuerdo con su existencia por mucho que comprendamos la necesidad de su presencia en las aulas. Por eso hemos tomado declaración a dos testigos muy relevantes, presenciales, para más INRI, porque en este caso no es una redundancia: día tras día, ellas han adquirido y siguen adquiriendo directo y verdadero conocimiento del tema que nos ocupa; no en vano son docentes y escritoras, ambas funciones a tiempo completo (porque, en definitiva, uno no puede dejar de ser docente para ser escritor ni viceversa).
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Nombre Pilar Galán Rodríguez Nombre Patricia Esteban Erlés
Delito No se conoce su implicación directa en ninguno; pero se rumorea que, a través del tecleo en vano en grandes superficies, ha sido capaz de habitar paraísos posibles y de modificar manuales de ortografía. Delito Su capacidad de mimetizarse con el terreno a través del color verde la convierten en un sujeto difícil de atrapar; se esconde bajo capas de azul ruso y se rumorea que vive en una casa de muñecas color magenta.
Ocupación Sus alumnos saben que es escritora por la prensa, por la tele o porque ven sus libros en la biblioteca o en las librerías. Pero es curioso. Cuando los alumnos leen algo suyo fuera del aula, porque sí, porque lo han comprado o lo han visto en el periódico, son los mejores críticos. Ellos ven normal que sea también escritora porque es profesora de lengua. Y siempre hay alguien que dice «¿eres famosa, Pilar?» y siempre hay otro que contesta «¿cómo va a ser famosa? ¿No ves que está aquí, trabajando?». Lo que dice mucho de su concepto de fama. Ocupación Los chavales acaban enterándose de que escribe, y ella percibe su curiosidad, su sorpresa. Ellos piensan que un escritor es alguien realmente importante y les sorprende que su profe de Lengua pueda dedicar parte de su tiempo a eso. Se ha encontrado a algunos alumnos y alumnas que llevaban en secreto sus inquietudes literarias y que se atreven a hablarle de ellas en privado, como si fuera algo que no debe saber el resto de la gente. Procura animarlos y le encanta que la hagan partícipe de su vocación.
A pesar del sueño, tras dos tragos al café cargado, no nos queda más remedio que analizar sus declaraciones. El curso está a punto de comenzar y, desde aquí, queremos romper una lanza a favor del uso del cuento en las aulas para evitar crímenes futuros; porque es cierto que, cada vez que la palabra cuento llega a nuestras cabezas, es inevitable que, de pronto, nos encontremos paseando de la mano de Andersen, acabemos merendando en un bosque con Antonio Almodóvar y los hermanos Grimm o vayamos a buscar zapatos de cristal con Perrault; pero es que el cuento es más que eso. Citando textualmente la declaración de Pilar Galán, los cuentos «son historias que responden a esa necesidad deilustracion autoras el alijo maria i punto contar y de que nos cuenten. En la infancia lo primero que pedimos es que nos cuenten cuentos y cuanto más fantásticos mejor. Son historias que contamos o leemos para olvidar otras historias que nos están ocurriendo. Aunque no siempre, también nos ayudan a interpretar la realidad. Los cuentos son fogonazos, instantes que se cruzan y no pueden perderse. Y qué difícil reflejar esa inmediatez, ese fulgor, ese destello. Los cuentos tienen muchas cosas en común con las noticias. Un titular sintetiza, resume, atrae, tiene que llamar la atención enseguida y un cuento si no atrapa en la primera línea no sirve de nada. Esa inmediatez y ese fogonazo son un reto». Ante eso, Patricia Esteban comenta que «el cuento fue la primera narración que amé. Disfruté enormemente de niña, leyendo y escuchando estas piezas breves, intensas, en las que cabe un mundo completo. Esa es una baza importante, la sensación de que el cuento te lleva a un universo regido por sus propias reglas en un tiempo realmente fugaz. Me siento muy cómoda en esa distancia, me parece siempre un desafío difícil de asumir escribir un cuento. Un reto que me encanta afrontar como autora. Como lectora, me fascina su autonomía, el poder de sugerencia que encierra. Puedo leer diez veces un cuento y encontrar en cada una de ellas un motivo nuevo para amar el género. Un buen relato siempre guarda sorpresas». Azul Ruso_portadaEs evidente que, a través de las primeras líneas de sus declaraciones, nos encontramos ante dos testigos que saben perfectamente de lo que hablan. Y no sólo eso: lo aman. Y para impedir el crimen que pretendemos evitar desde «el aLIJo», el amor es el primer arma con el que contamos. Porque, sin ir más lejos, el amor a la lectura es lo único que previene el sucumbir a la imposición tradicional de las «lecturas obligatorias», porque como dice Patricia, «creo que raya en el oxímoron… La lectura debería ser voluntaria, gozosa, rica, divertida, interesante, abundante, sorprendente… Nunca obligatoria. Creo que es necesario que en los centros educativos se lleve a cabo una selección de obras basada en la calidad, no en las exigencias de las editoriales. Creo que el cuento es aún una lectura marginal, que no se le saca partido y, sobre todo en los niveles iniciales, me parece mucho más oportuna su elección que la de determinadas novelas, por más que los temas que estas utilicen, romance, aventuras, etc., sean en principio más del agrado de los chicos y chicas. La lectura debe concebirse como una larga carrera en la que cada cual aprende poco a poco cuál es el ritmo que debe llevar, dónde le gusta pararse, dónde desviarse… No se trata de leer cien páginas en una tarde. Se trata de disfrutar del paisaje, de aprender cosas nuevas, de disfrutar de ese esfuerzo». Ante esto, Pilar añade que «la lectura no puede tratarse solo en el aula. En casa hay que realizar también una labor previa que muchas veces no se hace. No pasa nada por obligar a leer. Voluntariamente muchos alumnos no se acercarían a los libros, y casi siempre, de ese esfuerzo, se sale recompensado. Quien empieza a leer por obligación, siempre y cuando esa obligación sea acompañada y guiada, acaba leyendo por placer. Lo que no se puede hacer es mandar tres libros y desentenderse. Hay que trabajar y comentar, y poner en común cosas que gustan, cosas que no. Y fomentar la crítica. La situación ideal sería que no hubiera que elegir lecturas obligatorias, sino que el interés Portada TECLEO EN VANOpartiera de los propios alumnos. Quizá si los programas dedicaran menos horas a tonterías, se podría leer mucho más en las clases». Porque, además, como dice Patricia, «muchos de los problemas que presentan nuestros alumnos y alumnas a la hora de resolver, pongamos por caso, un ejercicio de Matemáticas, derivan de una incomprensión lectora. Leer despacio, bien, dedicarle el tiempo preciso a esta competencia es fundamental, porque las deficiencias originadas en una incapacidad lectora luego se extrapolan a la vida extraescolar». Además, añade: «muchas veces me frustran las imposiciones del programa, la importancia que se le da a otras destrezas, en detrimento de la lectura, que me parece un instrumento esencial en la formación integral de nuestros alumnos y alumnas. Leer nos ayuda a interpretar el mundo, a comprenderlo mejor, a manifestarnos con mayor soltura, a ordenar nuestro pensamiento… No hay tiempo, en todo caso, para hacer que la lectura sea eficaz, para que el alumnado practique, se familiarice con ella, disfrute y le reconozca su valor. Creo firmemente que debe haber una hora de lectura y que muy pocas veces disponemos de ella». En este sentido, de acuerdo a la declaración de Pilar, las bibliotecas escolares juegan un papel fundamental porque «bien administradas, como en mi centro, son un punto de encuentro y un estímulo para lectores. Y taller de formación de otros. Una biblioteca debería disponer de fondos, eso lo primero. No se puede ahorrar en libros. Y de un espacio grande para trabajar en grupo y espacios tranquilos para la lectura individual. Y estar abierta a que los alumnos toquen los libros, los hojeen, elijan. No puede ser un museo. Y un tablón de sugerencias, y estar presente en las redes, e incentivar con concursos, premios, o reconocimientos a la lectura y el intercambio y las recomendaciones». De ahí que, desde «el aLIJo», queramos evitar el crimen de las lecturas impuestas por otros. Creemos firmemente Casa-de-muñecas_portadaque el uso del cuento en el aula es un recurso fundamental para evitarlo, porque de acuerdo con nuestros testigos de excepción, «un cuento puede leerse en una clase, una novela, no. Y la brevedad engancha a los adolescentes, y la inmediatez de la lectura en alto» tal y como declara Pilar. Igualmente, de acuerdo con la declaración de Patricia, ella, siempre que puede, intenta que «una lectura trimestral sea una selección de cuentos. Uso los cuentos en dramatizaciones, en dictados, en análisis morfológico y gramatical. Obligo cada vez que tengo ocasión a que mi alumnado escriba pequeñas piezas. Pienso que aportan lo que señalaba antes: su carácter autónomo, la sensación de que apresas un mundo completo en muy pocas páginas o incluso líneas. Exige, además, una lectura comprensiva, los cinco sentidos puestos al servicio de la exégesis. Los silencios, las elipsis, requieren de un lector competente. Y eso es lo que debemos procurar que sean nuestros chavales». Y gracias a Pilar Galán y Patricia Esteban Erlés, dos testigos de valor incalculable que amablemente se han prestado a darnos su versión de los hechos, desde «el aLIJo» no podríamos estar más de acuerdo. Por eso, a continuación, queremos recomendar sus obras para su uso en el aula. Sabemos que ese amor por el cuento y la literatura que transmite cada una de sus páginas son un delito que merece la pena cometer. Fer Alcalá (@ferlocke)  Links a las reseñas de dos de las obras de las autoras: Tecleo en vano, de Pilar Galán Casa de muñecas, de Patricia Esteban Erlés   [1] Crédito de la foto: Javier2pm (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons [2] Crédito de la foto: Diario del Alto Aragón.

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