Entrevista a Carlos García Miranda

INT. COMISARÍA / SALA DE INTERROGATORIOS – NOCHE

El sospechoso arrastra la silla con cuidado y, cuando se sienta, apoya los codos sobre la mesa. Es un hombre joven, con gafas. Sonríe tímidamente y mira al agente con curiosidad, sin saber muy bien qué hace ahí. El agente pone los ojos en blanco porque el sospechoso lleva una camisa estampada en colores chillones. Esa no es ropa para ponerse en un interrogatorio, piensa. Pero como es la una de la madrugada, no ha cenado y le queda mucho turno por delante para descubrir el origen del aLIJo que han encontrado, respira hondo, se sienta frente al sospechoso y comienza el interrogatorio.

—¿Nombre?

El sospechoso se limpia las gafas con cuidado. Parece mentira que hace un par de horas estuviera tan a gusto en su Carlos_García_Miranda_Fotocasa, hartándose de palomitas mientras veía tranquilamente su colección de pelis de los ochenta. De pronto han llamado a la puerta y una agente de pelo tan rojo y rizado como el de Molly Ringwald le ha cogido de las solapas y le ha pedido que la acompañara, que tenían varias preguntas que hacerle. Supone que su nombre puede ser una de esas preguntas, así que responde claramente:

—Carlos García Miranda.

—¿Profesión?

—Licenciado en Psicología con estudios de Comunicación Audiovisual y guionista de series de televisión como Los Protegidos o El Internado. También soy escritor.

—¿Cuál es tu participación en el aLIJo? —le pregunta el agente, yendo al grano.

El acusado sabe perfectamente por lo que le están preguntando. No piensa decírselo todo, faltaría más, que un buen escritor siempre ha de guardarse un as en la manga; pero mejor colabora, no sea que le metan en la cárcel y mañana comienza el ciclo de cine clásico y no quiere perderse ninguna película. Además, ha visto miles de libros en la comisaría; están apilados contra las paredes, se derraman por las estanterías y apenas dejan entrever la superficie de los escritorios en los despachos; así que asume que los agentes deben de estar tras la pista correcta.

—Bueno, en el 2013, la editorial Destino publicó mi primera novela, Enlazados, de la que yo también escribí unas cuantas precuelas, y el pasado febrero, la misma editorial publicó mi última novela juvenil: Conexo.

El agente arquea una ceja y apunta algo en su papel. Ya le tiene donde quería, ahora sólo quedan el resto de preguntas.

—Dime, Carlos. Porque puedo tutearte, ¿verdad? Esta es una pregunta de vital importancia: ¿Para ser escritor hay que tener barba?

—Sí, sin duda —responde el sospechoso, Carlos García Miranda—. Antes de tenerla no conseguía que me publicaran nada.

Portada Conexo—¿Y para ser guionista?

Añade a la barba unas gafas y ya eres guionista.

—Y ya que estamos, ¿en qué momento eliges la forma a la hora de contar una historia? ¿Es la propia historia la que te dice qué vestido quiere ponerse o se lo pones tú?

—Bueno, se lo ponen otros… En tele he trabajado siempre con ideas que no eran mías, así que tenían que ser guiones. Cuando me siento a escribir algo mío pues según vea si la historia es más visual, si su duración es la de una peli o requiere mucho más espacio y el vestido que le va a entrar es el de una novela… Pero si te soy sincero, la cosa suele ser en plan “Me apetece escribir una peli”, y entonces me pongo a pensar una historia para la pantalla. Y lo mismo si me da el aire con una novela.

—Y en este sentido —pregunta el agente— ¿En qué se beneficia tu labor como guionista de tu labor como novelista y viceversa?

—Pues creo que si no hubiera aprendido el método para escribir guion, que es más encorsetado que el de novela, nunca habría sido capaz de terminar un libro. Vamos, lo digo porque eso es lo que me pasaba antes de ser guionista… Tengo un montón de historias en formato literario que escribí de chaval y se quedaron a medias. Eso no me ha pasado nunca con un guion, si empezaba un corto o una peli, la terminaba, pero sobre todo porque empecé a escribirlos al mismo tiempo que estudié cómo hacerlo.

—¿En qué momento nació Conexo? ¿Cuándo te diste cuenta de que tenías ahí un germen de historia?

—Pues cuando Destino me dio luz verde para publicar una nueva novela con ellos. Empecé a pensar en una historia juvenil con misterio, similar a las series que había hecho para el grupo (Antena 3). Tiré de referentes de ficción de mi propia adolescencia, las pelis de los 90 y las novelas que leía en esa época. Lo junté todo y salió Conexo.

¿Y tardó mucho en crecer? —el agente lleva mirando la barba del sospechoso desde hace un par de minutos. La verdad es que le genera muchísima curiosidad, pero como están aquí para hablar de Conexo y de la relación de Carlos con el aLIJo, decide que es mejor aclararlo—: la novela, no la barba.

Un año más o menos. La barba unos 20, que me salió tarde.26

—¿Y quién es tu personaje preferido de Conexo?

Gabi, sin duda. Ese tío es estupendo, por mucho que los profesores le quieran echar del colegio.

—Y, hablando de personajes, ¿hay algo de ti en cada uno?

—Todos tienen un poco de mí. Son estereotipos adolescentes (el deportista, la loca, el raro, la nueva, el rebelde), y cuando somos jóvenes no tenemos muy claro lo que somos y tocamos todos los palos. Bueno, y de mayores nos pasa un poco lo mismo.

—¿Y si resulta que mañana te despiertas en Conexo? ¿Qué esperarías de tu alter ego? ¿Qué y cómo te gustaría que fuera? ¿Y lo contrario?

—Pues esto me lo han preguntado varias veces y nunca sé qué decir. Supongo que estoy contento con la versión que soy.

—Tu primera novela juvenil se titula «Enlazados». La siguiente, «Conexo». Si buscas en Google «Conexo» te remite a su definición de Wordreference y resulta que significa «Enlazado». Para ti, ¿qué es estar «conectado» o «enlazado»? ¿Qué tiene esa imagen para que la hayas desarrollado en dos de tus novelas (o incluso en alguna de las series en la que has trabajado)?

—JAJAJAJA Fíjate que en eso los lectores no han caído, pero sí, es el mismo nombre. En realidad Conexo no se llamó así hasta el final. Tuve muchos problemas para elegir el título, no es algo que se me dé muy bien, así que al final la editorial eligió ese de entre varios que propuse. Y luego me di cuenta de que era un sinónimo de enlace, pero ya era tarde para cambiarlo. Creo que en el fondo ha sido una casualidad acertada.

—De todas las referencias culturales que has utilizado en la novela, ¿cuál es tu preferida, la que tenías clara, la que estabas deseando poner por escrito?

—Pues no sé si puedo decidirme por una, aunque creo que lo de usar la canción Be my baby de The Ronettes, que es de mis favoritas de todos los tiempos.

ZorroEl agente mira al sospechoso por última vez. Está satisfecho, ha respondido a todas sus preguntas y parece que su relación con el aLIJo, pese a ser directa, no le hace del todo culpable. En la comisaría le echarán un ojo pero van a tener que dejarle marchar. Sin embargo, no puede resistirse, antes de pedirle que se levante, le mira fijamente y después de un par de segundos de duda, le pregunta:

—No, y ahora en serio, ¿Cómo haces para cuidarte la barba? No es para mí, es para un amigo…

—La barba me la cuida el mejor barbero de Madrid, Roberto, de la barbería Malayerba, en la plaza del 2 de mayo. Dile que vas de mi parte.

—Puedes retirarte, Carlos. Pero no abandones el país.  Por ahora, quizá no seas culpable pero desde aquí no vamos a quitarte los ojos de encima. Es una advertencia.

 

Fer Alcalá

@ferlocke

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