Entrevista a Mar Pavón

ENTREVISTA A MAR PAVÓN. Hola Mar. En primer lugar hemos de darte las gracias por concedernos un hueco en tu apretada agenda. Da gusto oír a los autores decir que están hasta arriba. Estamos empezando con este proyecto y esperamos que sirva para acercar a todo el público un género que en ocasiones es algo desprestigiado. ¿Qué opinas tú? ¿Crees que se le valora lo suficiente? MAR -- Ante todo, gracias a vosotros precisamente por dedicar vuestro tiempo a la literatura para todos los públicos y, por supuesto, ¡por tener el detalle de hacerme esta entrevista! En relación a esta primera cuestión, opino que no se valora lo suficiente, aunque hemos mejorado mucho con respecto a 30 o 40 años atrás. Ahora, al menos, existe una mayor visibilidad en los medios, si bien ni mucho menos la que se merece. Y es increíble, teniendo en cuenta que los destinatarios son sobre todo los pequeños lectores, que si no me equivoco son los hombres y mujeres del mañana. Te consideras una soñadora de historias, pero ¿por qué te decantaste en concreto por el ámbito infantil? MAR -- La verdad es que, aunque resulte un tanto raro, yo empecé soñando historias para jóvenes y adultos, y desde muy pequeñita, por cierto. Pero a raíz de ser mamá por primera vez mi imaginario dio un giro de 180 grados. A partir de entonces  los peluches, los pises, las papillas y los monstruos empezaron a pulular descaradamente por mis textos. IMG-20141003-WA0016-3Tienes muchos títulos a tus espaldas. En concreto en este número reseñamos Cocorina y el puchero mágico. ¿Tienes algún personaje o historia al que tengas especial cariño por algo en concreto? MAR -- Cocorina, sin duda, es uno de ellos. Me inspiré en mi hija cuando era un bebé, y eso se nota. Ella era mi pollito, siguiéndome a todas partes, y yo… Bueno, reconozco que soy una madre bastante imperfecta, aunque intento subsanarlo  con toneladas de cariño. También el libro Yeray poeto es especial para mí, porque fue el primero que me publicaron y está basado en vivencias familiares, con mi hijo como protagonista. Supongo que al tener hijos el afán por inventar historias tiene un doble sentido, no ya sólo creativo a nivel personal, sino también por los peques, porque son ellos los que muchas veces te marcan el camino y sin querer con una palabra, o una petición acaban por iluminarte una nueva historia. MAR -- Obviamente ahí está la clave de todo, al menos en mi caso. Como digo, mi condición de madre ha determinado el qué y el cómo de mi literatura, y no me quejo por ello; ¡al contrario! El universo infantil es prodigioso e impregna toda mi obra de una u otra manera, ¡y claro que proviene de mi propia vida! Yo es que creo que más que aplicar a determinados niños el término “prodigio”, debiéramos aplicarlo a la infancia en general, ya que todos los peques sin excepción tienen mucho que enseñarnos a los adultos. A veces, la enseñanza consiste únicamente en  ayudarnos a hacer memoria, pues con demasiada frecuencia olvidamos que nosotros también fuimos niños, y que podemos seguir siéndolo con solo rescatar a nuestro niño interior. Un olvido imperdonable a mi juicio por el abismo mental y emocional que crea entre ellos y nosotros. Es indudable que España está pasando un mal momento en cuanto a lo literario se refiere.  Tus cuentos se han traducido a diversos idiomas y estos han venido con premios bajo el brazo. ¿Te ha pasado a ti como a los científicos o investigadores que han tenido que triunfar fuera de nuestras fronteras para que en su propio país se te tome en consideración; o estás contenta con tus comienzos? MAR -- La verdad es que estoy contenta con mi trayectoria en general, ya que, aunque los premios recibidos han sido todos en el extranjero, me siento muy arropada aquí, en España, y creo sinceramente que ese es el mayor de los premios, porque sin el respaldo y el cariño de los lectores nada tendría sentido. Escribes de todo, pero tienes una gran suma de álbumes ilustrados. En los cuales también existe la participación de un ilustrador. ¿Trabajas codo con codo con ellos, dando ideas, puntos de vista? ¿O por el contrario les dejas que también echen a volar su imaginación? Si este es el caso ¿hay alguno que tú tuvieras una idea en la cabeza y al verlo plasmado no fuera exactamente lo que querías transmitir? MAR -- Soy de las que dan carta blanca al ilustrador. No obstante, eso no quiere decir que en un momento dado déIMG-20150423-WA0030 mi opinión al respecto cuestionando algún detalle. Pero siempre se trata de críticas constructivas y en ningún caso buscando imponer mi criterio. Eso lo dejo para el texto. En cuanto a la última cuestión que me planteáis, lo cierto es que llevo publicados aproximadamente una cuarentena de títulos, así que, teniendo en cuenta la cantidad, lógicamente en alguna ocasión mi concepción plástica de la historia no ha coincidido con la del artista de turno. Pero vamos, eso es un poco como cuando esperas un hijo y nace totalmente diferente a como te lo habías imaginado; ¡simplemente lo quieres igual! Leer es muy importante, todos lo sabemos, en los colegios se hace hincapié en ello, pero piensas que son adecuadas las lecturas o por el contrario opinas que muchas de ellas más que acercar, alejan al público. MAR -- Creo en los docentes que acercan los libros a sus alumnos de un modo lúdico, placentero; que no imponen, sino que aconsejan, sugieren, invitan, retan incluso… En definitiva, contagian su gusto por la lectura.  No creo en un plan de lectura rígido donde hay que leer sí o sí los títulos programados  con unos profesores al frente que se limitan a dar las instrucciones pertinentes sin más. Recientemente he visto que precisamente Cocorina ha sido relatada por medio de la lengua de signos. Muchas veces no nos damos cuenta que los libros no llegan a todo el mundo por muchos de estos motivos. Ya sé que con el álbum ilustrado es complicado, pero con otros de tus títulos te gustaría que los publicaran por ejemplo en Braille. MAR --¡Me encantaría! Es verdad que nos olvidamos de lectores que, por diferentes razones, no pueden disfrutar de la lectura como nosotros. Y dado que son ya unos cuantos los títulos que integran mi bibliografía, sería genial que al menos algunos pudieran leerse en Braille. Por cierto, aprovecho desde aquí para hacer un llamamiento, a ver si alguien interesado y con recursos suficientes se anima a embarcarse en tan estupenda iniciativa. La poesía es muy musical ideal para la sonoridad al leer principalmente en voz alta. Y aunque tú escribes poesía, ¿qué prefieres? MAR -- Centrándome exclusivamente en la oralidad, considero que los cuentos en verso y los poemas son ideales para todas las edades, y lo bueno es que encandilan a los más peques precisamente por su musicalidad, en la que yo incido significativamente mientras recito, a sabiendas de que los cautivo sin remedio. Pero en absoluto desdeño los cuentos en prosa, porque para empezar muchos de ellos contienen fragmentos de texto que se repiten a cada poco, latiguillos que hacen las delicias de grandes y pequeños, y que muchas veces –y no por casualidad– son frases rimadas. Por último, y aunque se trate de historias que carezcan de elementos reiterativos como los descritos, el solo hecho de narrarlas con la suficiente gracia y frescura basta para conquistar a una concurrencia ávida de emociones. En cuanto a mis preferencias a la hora de escribir prosa y verso, me suelo dejar llevar por la inspiración del momento, por lo que sale una cosa o la otra sin ninguna premeditación. Por supuesto, esto no ocurre cuando se trata de un encargo explícito. ¿Hay alguna historia que realmente te haya costado sacar porque fuera un reto muy personal para ti? MAR -- Sucede justo al contrario: cuando se trata de proyectos personales, suelen salir a la primera, seguramente porque llaman con insistencia a la puerta durante un tiempo, y es en ese periodo cuando los visualizo o sueño, como a mí me gusta llamarlo, de forma recurrente, de manera que en el momento de llevarlos a la pantalla del ordenador, apenas me dan trabajo. Podríamos hablar de inspiración pura… ¡y madura! Un ejemplo sería Diego en la botella. Otro, La costurera y el hilo de agua. Por último y más tratándose de locos bajitos seguro que tienes más de una anécdota para contar. MAR -- Son muchas las anécdotas, aunque buena parte de ellas tienen que ver con chavales que, después de hablarme de su predilección por mis historias, me cuentan que quieren ser escritores el día de mañana. Eso es bonito. También que unos padres te den las gracias porque después de leer un cuento mío, su hijo, que se resistía a abrir un libro, se aficionó a la lectura. ¡Y eso ya me ha pasado unas cuantas veces! Una vivencia escolar memorable tuvo lugar con un grupo de niños que, al terminar la sesión, vinieron a mí –yo visiblemente sudorosa porque soy una narradora hiperactiva que lo da todo en público– y me abrazaron. Uno de ellos, por si no me había dado cuenta, me avisó a gritos, casi alarmado: –¡Estás sudando! En el grupo había también una niña que lloraba emocionada. Al instante la estreché contra mí con mucho cariño. Pero, claro, como no nos podíamos quedar así para siempre, se me ocurrió exclamar: –¡Mi amor, entre tus lágrimas y mi sudor vamos a acabar todos nadando! Y acabamos, sí, pero de la mejor de las maneras: ¡RIENDO A CARCAJADAS! Pues como te decíamos antes, muchas gracias por pasar un ratito con nosotros y hasta la próxima. Rocío Carralón Moreno. @Rociocarralon

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