“¿Habéis probado a regalar mundos?”

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Siempre hace ilusión recibir regalos, ¿verdad? Pero también es muy bonito hacerlos, sobre todo a los más pequeños, porque sus caras de felicidad pagan con creces el presente. ¿Pero por qué esa mala costumbre de regalar tantos juguetes? Baúles llenos de pelotas y pistolas, estanterías cargadas de Barbies y Bratz, escritorios hasta las trancas de ordenadores, móviles y videoconsolas… todo eso, ¿para qué? Los baúles seguirán llenos, las estanterías cargadas y los escritorios hasta arriba, porque tienen tantas cosas materiales que acaban por no valorar nada. ¿Habéis probado a regalar mundos? Desde que tengo uso de razón, mi padre me ha regalado ciudades conocidas, paraísos, universos paralelos, mundos nuevos y otros más antiguos. Me ha regalado nuevos amigos, humanos, extraterrestres, magos o monstruos, pero al fin y al cabo, amigos que me acompañarán de por vida, cada vez que los necesite. Me obsequiaba con familias enteras, con tribus, con clanes, por lo que nunca me sentía sola. Me regalaba magia, terror, asombro, ilusión y un millón de sentimientos que para mí aún eran desconocidos. Mi padre aprendió también a regalarme mi primer amor, mi primera aventura, mi primera amistad verdadera e, incluso, mi primera experiencia paranormal. Cada vez que cumplía años, que venían los Reyes, que se acercaba una fecha señalada, yo estaba nerviosa por recibir otro descubrimiento, otro regalo maravilloso. ¿Qué sería esta vez? Un naufragio en una isla perdida, un viaje a lomos de un dragón, un sótano maldito o una caída por una madriguera… ¿quién podía saberlo? Nerviosa, abría el papel de regalo poco a poquito, intentando no romperlo y no dañar toda la magia que, seguro, se escondía dentro. A veces, cuando terminaba de destaparlo, me reencontraba con viejos amigos, con mundos que me moría por conocer o con algo para mí totalmente desconocido, pero que sin duda muy pronto se convertiría en algo especial en mi vida. Esos regalos eran tan maravillosos que me dotaban de imaginación, de conocimientos, de un puro e incondicional amor que arraigó en mí de tal manera que jamás morirá, y de una admiración tremenda hacia la persona que me hacía, con ellos, tan feliz. ¿Habéis probado a regalar mundos? ¿Habéis probado a regalar libros? Tamara López @ShadowG77753398

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