VIVIR PARA LEER Y LEER PARA VIVIR

¿Es la lectura una actividad saludable? leer_perjudica_seriamenteEn este primer artículo, queridos lectores, pretendemos empujaros a recordar lecturas que despertaron en vosotros todo tipo de emociones. Dibujaremos un escenario que nos mostrará cómo la lectura y los libros están íntimamente ligados a la vida, a los sentimientos y, como consecuencia, al bienestar. Empecemos por recordar las ocasiones en las que la lectura ha contribuido a hacernos felices y nos ha proporcionado momentos de disfrute y de diversión. Cerremos los ojos e intentemos volver a sentir ese hormigueo juguetón que nos provocaron lecturas sorprendentes; la inquietud que exhalaban otras e, incluso, el temor que nos embargaba al imaginar todo el horror contenido en un siniestro relato. A veces, la lectura nos ha ayudado a conocernos mejor, o nos ha dado claves para entendernos a nosotros mismos en situaciones de crisis o de especial fragilidad, de pérdida, de tristeza o enfermedad. Para descubrir con claridad el componente terapéutico de la lectura, nos podemos plantear la siguiente pregunta: ¿Cuándo nos sentimos bien? Existen dos enfoques: desde el punto de vista físico, el buen funcionamiento de nuestro cuerpo es la respuesta; pero, además, ese bienestar es completo cuando realizamos actividades que nos gustan o compartimos nuestro tiempo con las personas que queremos. Si buscamos en nuestra memoria momentos placenteros, seguramente encontraremos infinidad de ellos que vivimos acompañados de un libro. No en vano, por ejemplo, uno de los grandes anhelos de esta época preveraniega en la que nos encontramos se manifiesta en esa imagen idílica que formamos de nosotros mismos sentados frente a nuestro paisaje favorito disfrutando de un buen libro. ¿O no es así? La lectura y los libros no se pueden considerar solo maravillosos entretenimientos, que ya sería una cualidad extraordinaria, sino que nos ofrecen soporte para la evocación, para la imaginación, la fantasía y, como no, para la catarsis de nuestras preocupaciones o tristezas. La siguiente cuestión que nos podemos formular es qué le pedimos la lectura. Todos hemos escuchado alguna vez que aquel que lee mucho desarrolla su imaginación, tiene una vida interior más rica y, como consecuencia, alcanza un mayor equilibrio personal y emocional. La creatividad que despierta la lectura nos permite mantenernos en forma, nos anima a formular hipótesis, a anticipar acontecimientos mientras desarrollamos mecanismos de pensamiento cada vez más complejos. Un ejemplo muy claro es la decepción que Muchas razones para leersufrimos casi siempre cuando vemos una película basada en algún libro que hemos leído. Siempre nos gusta más el libro porque nuestra imaginación supera cualquier historia o imagen que el entorno nos pueda ofrecer. Finalmente, y no por ello menos importante, nos gustaría expresar esa idea de que la lectura es una nave hacia la evasión. Cuando necesitamos huir, aun sin salir físicamente de la realidad que nos agobia, volar a lomos de un libro es casi un viaje astral. De pronto, ya no estamos, nuestro escenario cambia y nuestra mente consigue el merecido relax, aunque solo sea por unos instantes. ¿Recordáis aquella canción que decía Todo, todo, todo está en los libros…? Pues bien, para cada uno de nosotros y en cada momento, hay un libro que contiene justo las palabras, la historia y las reflexiones que nos hacen falta para mantener nuestro bienestar o para curar nuestra alma afligida. Pero no encontraremos el volumen preciso, a no ser que tengamos en nuestro haber una gran valija de lecturas entre las que poder elegir. Así que, pongámonos a la faena. Querido lector (o querida lectora), llegados a este punto, nos gustaría crear contigo un grupo de sanísimos viajeros de la lectura. Proponerte itinerarios de felicidad y placidez que contribuyan a calmar espíritus atormentados y a disfrutar de la magia de los libros. ¿Te apuntas?   Lola Nuñez y Rocío Antón  

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